¿QUÉ ME HA DICHO? ¿Que me tengo que operar? ¿Seguro que es a mí? ¿Y entonces, qué me ha dicho que tengo?




¿Cuántas veces las enfermeras hemos vistos esos ojos desencajados y esa cara de incredulidad de nuestros pacientes cuando el médico abandona la habitación o la consulta tras informarles de una decisión de tratamiento quirúrgico, oncológico….?


En nuestros hospitales, el hecho de informar al paciente de procedimientos médicos o quirúrgicos, recae en general en el facultativo. En casos concretos de procedimientos complejos como la cirugía cardiaca, por ejemplo, así debe ser, dado que existe multitud de variabilidad y  detalles técnicos en los que se debe dar información completa y en un porcentaje grande de los casos, el propio paciente debe decidir entre diversas opciones. Procedimientos percutaneos vs cirugías abiertas, tipos de prótesis, secuencias del tratamiento etc. En otros sectores de la medicina la información es también muy compleja, tales como procesos neoplásicos, explicar el momento de la cirugía, el tratamiento coadyuvante, el tratamiento posterior a la cirugía, es un laberinto de opciones en el que con una enorme frecuencia el paciente o sus familiares se pierden. 

¿Tenemos algún papel la enfermera especializada?, sin duda alguna, y eso por diversas razones.

Por un lado, por el grado de cercanía del profesional enfermero. Con gran frecuencia, el paciente a veces se bloquea, se le da demasiada información, de forma tan rápida que no puede asumir. Minutos después de irse el facultativo, le asaltan multitud de dudas, y la persona  más cercana es la/el enfermera/o.

Por ello, el/la enfermero/a debiera estar presente en ese proceso de información, para después, desde la cercanía, concretar, redefinir o dar información complementaria al paciente, si así lo demanda, junto con los específicos relacionados con los cuidados.

Es habitual que el enfermo solicite a la enfermera su opinión complementaria sobre inconvenientes de anticoagulacion, de la mejor opción a diversas alternativas, etc. Todo ello por ser el profesional que más horas pasa al lado del paciente, su cercanía y empatía.

Este papel no sustituye al facultativo, al que por ley corresponde dar el consentimiento informado, pero sí complementa de forma eficaz, el deber de informar y el derecho del paciente a satisfacer todas sus dudas, las cuales con frecuencia surgen cuando el facultativo ya no está disponible.

Por otro lado y con suma frecuencia en este procedimiento al médico se le olvida informar de cuidados posteriores, no solo de heridas o tratamientos específicos, sino de tiempo de recuperación, ejercicios de rehabilitación respiratoria, cuidados de higiene, posible interacción de fármacos, vida sexual, reintegración a su vida social normal…


¿Cualquier enfermero es válido? No, indudablemente. Debe ser un profesional con formación completa perioperatoria y experiencia en las alternativas terapéuticas, posibles complicaciones y periodos de recuperación post quirúrgico, en caso de unidades quirúrgicas. En otro caso como la oncología, tratamiento renales etc. Debe ser un experto en su área médica con amplia visión de la enfermedad en su desarrollo completo.

En los casos de procedimientos quirúrgicos este acto informador, no acaba antes de la intervención, continúa en los primeros días de recuperación, y se establece de forma explicita en los días de ingreso de hospitalización general, el día previo al alta hospitalaria, donde debe redoblarse toda la información en relación a su recuperación y hábitos de vida, e indudablemente, si existe, una consulta de enfermería posterior. 

En el resto de procedimientos medico-quirúrgicos, instrumentales o médicos, debe ser igual de completo. Adaptación a posibles complicaciones, uso de fármacos no habituales, controles en caso de alteraciones de las glucemias, alteración de la coagulación, aplicación de inyectables subcutáneos, uso de bombas de fármacos...un autentico Cosmos de datos, que sin la colaboración muy estrecha médico-enfermera, sería imposible de llevar a buen cauce y evitar la multitud de complicaciones que se evidencian, por no emplear el tiempo suficiente para la información.

 En casos de pacientes trasplantados, la enfermera antes del alta  enseña al paciente a identificar sus fármacos inmunosupresores fuera de sus cajas habituales. ¿Cuantos accidentes evitaríamos?

Un situación especialmente importante es la información respecto a ensayos clínicos, con frecuencia este paradigma es confuso para el paciente. Las dudas son intensas, el consentimiento se otorga a veces, por mantener cierta sintonía con el facultativo. Aquí es donde la enfermera bien puede, desde la tranquilidad aportar datos accesorios, las ventajas de una mayor vigilancia periódica por los mismos profesionales, la posibilidad de optar a tratamientos novedosos que tardarían años en estandarizarse. Con enorme frecuencia los facultativos dan una información general para “conseguir” la firma  del consentimiento del paciente, pero el enfermero más cercano, da una información para “convencer”, “para ayudar a tomar decisiones”.

Por desgracia aun en muchos servicios no es un procedimiento habitual, existe cierta desconfianza o descoordinación entre los diferentes sectores, perdiendo así la oportunidad de dar un información, veraz, completa, conjunta y progresiva a nuestros pacientes, y lo que es más importante evitar angustias, inseguridades y accidentes por falta ¿de?...sí: información

Por todo ello el profesional enfermero, en conjunción con el facultativo, deben redoblar su esfuerzo en aportar información de forma conjunta, completa, progresiva, por etapas y de ámbito global a nuestros pacientes. De forma esencial en aquellos procedimientos complejos y de larga recuperación, con tratamientos crónicos multifarmacos, pacientes incluidos en ensayos clínicos. En procedimientos tales como los trasplantes, donde la identificación y detección de eventos indeseables es vital.


“La curación es cuestión de tiempo, pero a veces también es una cuestión de oportunidad.” Hipócrates



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