La comunicación y gestión de los equipos: los valores que siempre he visto en mis padres

 

El Ethos y Logos (juntos)
Mis Padres en su cafetería freidura. 
(año 1990)


Son las cinco y cuarto del día 15 de marzo de 2018, un tío con cara de sieso se dispone a impartir la última ponencia de la tarde de uno de los mejores días presenciales que he tenido del Experto Universitario en Gestión Sanitaria de la Escuela Andaluza de Salud Pública. ¡Uff! me dije yo, éste hombre va a desgraciar el día, miré la hora y pensé: ¡Dios mío tenemos que aguantarlo hasta las siete de la tarde!
Quién me iba a decir a mi que se trataría de una de las ponencias más brillantes a las que he asistido jamás, y que el ponente iba a poner en tela de juicio la doctrina pacífica que existe en torno a que una charla no debe durar más de 40 minutos porque es la capacidad que tenemos de escuchar con atención y no distraernos. Nada mas comenzar se hizo el silencio y todas las personas allí presentes fijaron sus cinco sentidos. No hubo ni un murmullo, ni un bostezo, ni un comentario por parte de un foro que ha mostrado ser bastante activo a lo largo de todas las sesiones de este Experto, sólo risas y más risas que terminaron en un aplauso unánime y ensordecedor cuando dio fin, una hora y media después, a su ponencia. 
Mi padre a la derecha en 1951
Tengo que reconocer que me sorprendió, pero no sólo por su exposición, su sentido del humor o por la valentía que mostró tener al contarnos como ha afrontado la vida ante su enfermedad (ser conferenciante y no reconocer una cara de asco, también es de valientes), sino porque a medida que iba narrando su experiencia en la gestión - entre escalfados de huevos, el concepto de la “mala follá granaina”, sus dolencias, y las idas y venidas de sus múltiples obsesiones con una gracia exquisita -  al hablar de cómo había que gestionar los equipos, me recordó a mis padres.

Mis padres.

Mis padres, ambos rozando los 80 años de edad, ya usuarios frecuentes del Sistema Sanitario Público Andaluz, sobre todo mi madre, nacieron en una de las épocas más austeras y difíciles que ha habido en la reciente historia española, la posguerra (1939-1952). Sin apenas saber leer y escribir, se han abierto camino a lo largo de sus vidas y entre los dos han regentado un negocio familiar que nos ha permitido a mis cuatro hermanos y a mi, tener una perspectiva y forma de vida muy distinta a la de ellos. Esa siempre fue su meta.

EL conferenciante. (perfil profesional según este autor)


Director del laboratorio provincial de anatomía patológica del Hospital del Parque Tecnológico de la Salud, de Granada, Raimundo García del Moral, comenzó indicando que no creía en que las personas podamos ser de manera diferente en el ámbito profesional y en el ámbito personal. Comentó respecto a la comunicación con los equipos, que ésta era una cuestión de cómo relacionarse, dando claves para tener éxito en la gestión de los mismos. En este sentido, indicó que era necesario llevar a cabo tres perogrulladas (éstas las dejamos), tres retos y un desafío. Terminó reconociendo que había fracasado y lo dejaba, que las personas no cambian y aprovechó la ocasión para dar un aviso a todos los allí presentes de las "exquisiteces" que comeríamos si queríamos dedicarnos por nuestra competencia inconsciente a esto de la gestión.

Los retos y el desafío.



tomada de www.emprendedores.pe

Sobre los retos, Raimundo habló de la necesidad de ejercer liderazgo, crear equipo y un plan de contingencia. El liderazgo decía, tiene que ser un “liderazgo trascendente”, lleno de generosidad y en el cual hay que empoderar a los colaboradores (aspecto que requería algo muy difícil, la existencia de lealtad mutua) que debían estar involucrados como el cerdo en un plato de filetes con patatas (el filete debe ser de cerdo). Fomentar la libertad en el trabajo y el desarrollo profesional de los colaboradores es otro aspecto que destacó. Habló de la importancia que tenía para crear equipo el buscar cualidades en los colaboradores más cercanas a la “actitud” que a la “aptitud” y que el trato hacia ellos debía estar inspirado en el principio marxista de "cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades".

Resaltó como cualidades del líder: la coherencia, la inmediatez, el liderazgo moral y profesional, donde el líder es el primero que tira del carro.

Como desafío, destacó la importancia en la negociación de movernos siempre en el cuadrante en el que todas las personas del equipo ganan, algo difícil de conseguir y para lo cual apuntó "hay que hacer encaje de bolillos".

La conexión: los valores.

Vi claramente durante la ponencia como los retos y el desafío que planteaba Raimundo me hacía recordar a mis padres, porque de alguna manera, y con sus matices, han sido materializados por ellos a la hora de liderar su negocio, relacionarse con los demás y sacar adelante nuestra familia. Su liderazgo siempre ha residido en hacer siempre lo que han defendido (coherencia), en estar siempre y priorizar cualquier situación en la que necesitáramos su ayuda, (inmediatez-disponibilidad) y en su esfuerzo diario en el trabajo. La jornada siempre comenzaba y terminaba con ellos “al pie del cañón” (liderazgo moral). Fomentaron en todo momento que asumiéramos responsabilidades y a partir de ahí, intentaron siempre hacer de nosotros personas autónomas (liderazgo trascendente).


"Prefiero que tengas buen comportamiento a las buenas notas" - yo era un adolescente algo travieso -, "el ojo del amo engorda el caballo" "si quieres que tu "negocio" vaya adelante debes estar el primero e irte el último",  o  "no le des nunca a nadie lo que no quieras para ti", son algunos de los mensajes que me han repetido insistentemente y que coinciden, al menos para mi, con las claves esgrimidas en la ponencia de Raimundo a manejar en la gestión de equipos.

No quiero que se tome con un tinte político, pero respecto al principio marxista, mis padres siempre me transmitieron otra perspectiva, y en este sentido, cuando el ponente con tanta rotundidad dijo que: "al aplicar este principio se había equivocado y en general que había fracasado", volvió a recordarme a ellos. Fue entonces cuando decidí escribir este post.

La conclusión.

La explicación es bien sencilla y está llena de toda lógica. Basada en la teoría formulada de la jerarquía de las necesidades humanas de Maslow (en inglés, A Theory of Human Motivation),  se trata de una cuestión íntimamente relacionada con la situación en la que están las personas o la sociedad y sus necesidades, en épocas pasadas muy básicas, y en la actualidad  relacionadas con grandes proyectos e ilusiones (a pesar de que existe aún grandes desigualdades sociales en España). 
Creo que al margen de que mis padres para mi son muy “grandes”, sus valores son los de toda una generación o generaciones, cuya situación en la vida, llena de necesidades primarias, hizo que afloraran las cualidades y actitudes que el instinto de supervivencia apunta a que son más efectivas (los coaching le ponen nombre en la actualidad a algunas). Por otra parte, el fracaso en la gestión del equipo de Raimundo, creo que simboliza el fracaso del sistema y el que nosotros tendríamos o tenemos también ante la imposibilidad de aplicar estas claves de éxito en personas que como bien decía él: "estamos intentando dar el bocado a esa manzana llamada deseo".

Puede ser que los modelos establecidos para la gestión no sean del todo válidos, según que escenarios.

Dice mi padre que "a un ladrillo cocido no le puedes clavar una puntilla", su traducción ya la apuntó Raimundo: "las personas no cambian"aspecto con el que estoy plenamente de acuerdo.

Los niños, si somos capaces de transmitirles algunos valores, quizás si...

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