Rompiendo el hielo

Muchos años después, ante el gerente de mi hospital, recordé la mañana en que mi padre me abrazaba, felicitándome, por haber concluido los estudios de medicina.




Por entonces residía en la incertidumbre, tanto laboral como asistencial.

Ante mis dudas, al enfrentarme a mi primer trabajo, mi padre, también médico, me dijo, “tranquilo, ya verás, lo importante es “romper el hielo”, lo tuyo es vocación”

El tiempo ha pasado, son más los buenos recuerdos que los malos, que ya no es poco, y lo más importante de todo es que sigo pensando que si volviese a nacer volvería a elegir la medicina como profesión.

Durante estos años han sido numerosos los avatares vividos tanto personales como profesionales, y poco a poco, en ocasiones sin darme cuenta y otras con gran esfuerzo, me fui curtiendo en una profesión en la que nunca se acaba de estudiar.

Aun así, lo cierto es que los conocimientos adquiridos me han propiciado algo de seguridad en la labor aistencial, lo cual se traduce en tranquilidad.

Pero mira por dónde una mañana yendo en el coche sonó el “manos libres”, era el director médico del Hospital donde trabajo, quería hablar conmigo.

Esa misma tarde, en que recordé a mi padre, ante el gerente, mi decisión, ante el ofrecimiento de este, me enfrentaba a un nuevo reto, ser jefe del servicio de urgencias y así la incertidumbre volvía a esgrimirse como compañera invisible que seguro estará conmigo hasta…. ¡Dios sabe cuando!

Al margen de toda la burocracia que el nombramiento del cargo representa, preparación de la documentación curricular y memoria, presentación de la misma, selección entre los presentados etc., lo mas importante era que desde el primer momento debía ejercer como tal.

La falta de formación en un área, poco conocida por mi parte, la gestión, había de formar un tándem con la cotidianidad asistencial.

Pensé que lo primero que debía hacer era conocer la opinión de las personas con las que trabajaba en relación a la situación en que se encontraba el servicio, que ya la sufría, y como se podía mejorar.

Por esto mismo decidí, acertadamente, ¡ahora lo se!, convocar una reunión con todos los que quisieran asistir:   celadores/as, administrativas/os, técnicos/as, médicas/os, auxiliares, enfermeros/ras, etc. Con el fin de romper el hielo.





La noche antes realizando notas sobre como llevar el hilo conductor de la reunión, comprendí la dificultad de la comunicación y la importancia que tiene la formación en este sentido.

Reconozco que comencé a ponerme nervioso, echaba de menos conocimientos en comunicación, así que requerí de un gran esfuerzo para tranquilizarme y pensé lo importante es:” romper el hielo.”

Al día siguiente, cuando marchaba hacia la reunión, especulé en la conveniencia de que los encargados de la gestión tengan educación en la misma, así como el que la tengan en relación al puesto que van a gerencial.

Por la situación en que se encontraba el servicio, previo a mi nombramiento, también ponderé que serian pocas las personas que acudirían, sin embargo, cuando accedí al salón de actos estaba lleno, incluso algunos estaban de pie, normal si consideramos que acudieron muchos profesionales de otros servicios.

Me quedé sin fuerzas y solo alcance a decir “deseo comience una nueva etapa donde entre todos construyamos un lugar que se convierta en un sitio de referencia tanto para el profesional como para el paciente”.

Tuve miedo de no saber liderar la reunión, pero sorprendentemente fluyó sola, comprendí lo necesitados que estábamos todos de comunicación, de hablar y de escuchar, cuanto tiempo estuvimos callados, y aunque no fue posible evitar los roces, hasta estos se agradecían pues se respiraba una sensación de liberación que no creo volvamos a sentir en muchas ocasiones.

Fue enriquecedora y para mí de una importancia vital que ha marcado mi quehacer desde el principio dando paso al liderazgo compartido sobre el individual.

Pude observar cuestiones que se deben matizare en relación a la comunicación del grupo en el futuro como:
- Grandilocuencia
- Conflictos
- Participación desigual,
- Manejo de iras y frustraciones.
- Ataques de pandilla.
- Pensamiento grupal, etc.

Lo mas significativo es que se ha abierto un abanico de posibilidades impresionante ante nosotros, así como, hemos aprendido que podemos y debemos comunicarnos.

Por mi parte creo que lo mejor es formarme con y al mismo tiempo que el grupo, ya que pienso que el aprendizaje grupal conlleva un vaivén continuo entre la práctica y el desempeño, en donde los miembros del equipo aprendemos a hacernos conscientes de nuestra propia actuación.

Considero que esto permitirá que se formen equipos maduros, capaces de investigar, analizar y diagnosticar temas complejos y conflictivos que nos den la posibilidad de crecer mediante el aprendizaje continuo en la reflexión y actuación simultáneas.




Miguel Angel Augustin Navarro





Comentarios

  1. Hola Miguel Ángel, me ha gustado mucho leer tu post, pues como bien te dijo tu padre, opino que lo tuyo es vocación.
    En mi opinión, cuando se comunica con el corazón y con la intención de hacer las cosas bien, es difícil que el mensaje se mal interprete. Desde mi punto de vista, la comunicación directa, donde los receptores pueden percibir los gestos, el tono de voz, etc, es la más efectiva, pues lo importante no es sólo la información que transmitimos si no el cómo lo hacemos.
    Por otro lado, el hecho de que faltara sitio en la sala demuestra que la gente quiere ser informada, pero no por personas que no conocen directamente la problemática de la que se va a hablar, sino por gente que sufre o ha sufrido los mismos inconvenientes que ellos, como es tu caso. Tú eras uno de los médicos del servicio de cuyo futuro se iba a hablar, y eso también es muy relevante para los destinatarios de tu mensaje. Les diste la ocasión de manifestar su opinión entre compañeros y eso siempre es bueno, ¿a quién no le gusta tener la ocasión de decir lo que piensa y que se tenga en cuenta su opinión?.

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