UN ERROR DE COMUNICACIÓN EN
SANIDAD
Determinadas profesiones requieren un
sacrificio por nuestra parte, ya que muy lejos de representar un intercambio
justo, trabajo remuneración, se cobran una importante renta en nuestra salud.
Una de estas es sin duda la de urgenciólogo, que entre otros réditos
posee el de alterar nuestro ritmo
circadiano del sueño. (1).
Trastorno que nos acompañará durante muchos años después de cesar
las guardias, y si es que llega a curarse realmente alguna vez.
En una noche insomne, de esas a la que
estamos acostumbrados los médicos de urgencias, en no importa que cadena de
radio, que oía sin escuchar, en un intento de romper el insomnio, me llamo la
atención una señora que se lamentaba, entre sollozos, de la forma en que le
habían comunicado la imposibilidad de intervenir a su marido, que afecto de un
cáncer, esperaba los resultados de las pruebas para una posible solución
quirúrgica.
“Un Hospital estupendo y unos
profesionales sin lugar a dudas magníficos, pero, refería la señora, ¡es la
forma de darnos la noticia!
¡Por
carta!,” Dios mío, recuerdo como mi marido, tembloroso, abrió el sobre, para
leer que: tras las pruebas realizadas no es candidato a tratamiento quirúrgico.
El mundo se nos vino encima, un intenso vacío me subió hacia la garganta recortándome el sollozo, me abracé a él que absorto miraba a la nada con los ojos llenos de lagrimas.
No existe forma de expresar lo que se
siente. Y ahora, que ya no está, me sigo preguntando si es normal o no comunicar este tipo de noticias de esa forma.”
Normalmente estos programas, en que la
gente llama contando sus problemas, me producen sueño, quizás por el tono
monótono de los presentadores, quizás por el del público o bien por la
costumbre adquirida en las guardias de dormitar, los escasos momentos de
respiro laboral, con gente hablando de fondo.
No obstante, en esta ocasión no pude
dormirme, y pensé en el interrogante de esta oyente.
Vivimos en una sociedad donde el sistema
sanitario intenta dar respuesta a necesidades cada vez mas exigentes de los
pacientes, tanto es así, que en ocasiones da miedo la expectativa de dotar al
sistema de algunas características capaces de responder a las mismas.
Se nos plantea el problema de la sobre medicación y el sobre diagnostico, tan en boga hoy en día,
muy relacionadas con la medicina defensiva, y en respuesta a necesidades de los
usuarios cada vez mas sutiles como el no soportar los duelos sin medicación,
por ejemplo: “Dr. necesito tranquilizantes porque me ha dejado mi novia”.
Sin embargo, en este contexto, no nos
ocupamos de algo tan simple como es notificar de forma adecuada determinadas
noticias como la de esta persona.
· Existen procesos como el protocolo de seis etapas de Buckman (2), y otras muchas técnicas para estos casos,
conocidas por los profesionales, y objeto de múltiples cursos que el sistema
nos ofrece con insistencia, con el fin de formarnos.
Todas ellas tienen en común el estar
dirigidas a acompañar al paciente, y su familia, en su dolencia, no solo desde el punto de
vista físico sino también psicológico.
Pero ¿de que sirve esto si al final todo
se traduce en la emisión de una carta portadora de un informe que más que el
mismo parece una sentencia, en que lo peor ya no es el diagnostico,
posiblemente esperado, sino la sensación de desahucio y abandono sanitario que
percibe el paciente y su entorno?
Sin lugar a duda un error de comunicación en sanidad
1) www.memoriza.com/documentos/revista/2010/circadiano2010_7_1-13.pdf
2) www.guiasalud.es/egpc/cuidadospaliativos/completa/documentos/anexos/Anexo3_Comunicarnoticias.pdf
2) www.guiasalud.es/egpc/cuidadospaliativos/completa/documentos/anexos/Anexo3_Comunicarnoticias.pdf
Miguel Angel Augustin Navarro


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