NO TIRO NADA


Cuando se nos propuso la realización de esta tarea, recuerdo que pensé en la dificultad que entraña el escribir.

Reconozco que siempre me gusto la literatura y que admiré la capacidad de esas personas que son capaces de transmitir lo que sienten haciéndolo comprensible a los demás.

Pero al fin y al cabo se trata de un arte y no todos estamos capacitados para ello, por lo que, aunque en ocasiones sentí un enorme deseo de expresarme con la pluma, solo lo realicé tímidamente en el contexto de unas cartas amorosas de juventud, algún que otro verso de amor o desamor y un diario, inconcluso, que permanece, evocando a Joan Manuel Serrat en su poema “aquellas pequeñas cosas”, en un rincón, en un papel o en un cajón, en mi estudio.







Posteriormente con mi grupo elegimos el tema “La comunicación en sanidad”,  y aunque en aquellos momentos me encontraba inmerso en cuestiones muy diferentes a este asunto, recuerdo que recordé un ejercicio sobre comunicación que realicé en el hospital en el que trabajaba por aquel entonces.

De las notas que tomé no me acuerdo, solo se que lo hice, y como no tiro nada, las localicé en un bloc en un estante, de los mas altos, de la biblioteca de mi casa.

En el mismo hallé una serie de consejos para aprender a comunicarme, y si bien es cierto que en aquel entonces estos tipos de cursos eran como una abstracción a los que difícilmente se les veía utilidad, tome apuntes que, mira por donde ahora, tantos años después, recojo en el intento de realizar este post.

Al margen de la nostalgia que me ha producido el encontrar y desempolvar este librillo de apuntes, y de perderme entre sus paginas evocando viejos recuerdos, he de reconocer que, aunque simples, los consejos que recogí son de gran utilidad para comunicarse.

 Hoy tomo los mismos, y los transcribo tal como los anote, producto final de aquel curso, que recuerdo fue muy interesante.

En el mismo se realizaba una experiencia en la que enfrentados en una mesa nos situaron a dos interlocutores separados por una pequeña mampara que permitía vernos las caras, pero no los objetos que teníamos en el tablero.

El juego consistía en reconstruir con las piezas geométricas que poseíamos frente a nosotros un rectángulo y comunicar al otro, en este caso otra, verbalmente, como debía colocarlas para conseguirlo también.

Recuerdo que me enfadé pues cuando decía “coge el triangulo rectángulo… sí, aclaraba, el que tiene el ángulo recto, ponlo a la derecha, no a la mía, a la tuya,.. luego, toma el cuadrado y sitúalo a la ….etc.” No conseguía hacerme entender y era frustrante el no lograrlo.

 Se trataba de dos personas que hablábamos el mismo idioma, con similar nivel de formación, que estábamos en un lugar adecuado, sin ruidos, que teníamos un contacto visual y sin embargo no nos entendíamos para poder realizar algo tan fácil.

Parecía un juego simple y no obstante demostraba lo difícil que es la comunicación y en mi caso me enseñó, además, que no contactar con alguien en un primer encuentro no debe ser motivo de desánimo y abandono, sino que hay que persistir, "así que me case con mi interlocutora".

Pero volviendo a los apuntes en ellos se aconsejaba que para mantener una buena comunicación era imprescindible ser: 
Concretos, es decir tomarse el tiempo suficiente para aclarar las ideas antes de decirlas.  
Precisos con el presente, no saltar a la siguiente idea sin haber terminado la primera. 
Usar palabras precisas, no palabras mal empleadas que puedan dar lugar a malas interpretaciones, es preferible omitir a malemplear. 
No usar palabras negativas, hablar en positivo proyecta responsabilidad y una actitud participativa. 
Ni de auto-desprecio, se debe ser capaz de defender las ideas y sugerencias hasta el final, sabiendo renunciar a ellas cuando la de otro/a es mas útil o efectiva. 
No usar expresiones sumisas, la necesidad de necesitar siempre la aprobación de los demás muestra inseguridad. 
Y ser entusiastas, el tono de voz, el ritmo y el volumen son elementos básicos en la comunicación.

Puede que estos consejos no cambien la forma de comunicarnos, pero recordarlos en algunos momentos concretos me han servido para proyectar una imagen muy profesional, de gran utilidad en el desempeño de mi labor actual. Siendo así termino de una forma no aconsejable ya que expresa sumisión:

¿tu que crees?


   Miguel Angel Augustin Navarro

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