24
horas, 365 días al año y, a veces, 366
Una organización que se
mantiene "abierta" las 24 horas del día y los 365 días del año y
cuyo fin es preservar el máximo tiempo y en las mejores condiciones
posibles la salud de más de 8 millones de ciudadanos y ciudadanas
requiere tener a todos sus efectivos profesionales, en mayor o menor
medida, entrenados para la normalidad y la eventualidad informativa.
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Si
llevas tiempo ocupando un cargo intermedio puedes coger el toro por
los cuernos con celeridad y dar respuesta pero si acabas de llegar a
tu puesto encomiéndate a todo el santoral. No obstante, lleves los años
que lleves, esto de la comunicación es un aprendizaje continuo,
sobre todo cuando llega el maldito día 366.
Entrenarnos
para la normalidad y la eventualidad informativa pasa por disponer de
los conocimientos suficientes sobre cómo funciona la comunicación
tanto dentro como fuera de la organización sanitaria. Estos
conocimientos tienen que ir acompañados por ejemplos prácticos lo
suficientemente reales y actuales y contados por sus protagonistas,
ya sean periodistas, directivos, profesionales concretos o agentes
externos. Internet, redes sociales se unieron a los medios
tradicionales y nos cogieron con el paso cambiado, aún hoy creo que
estamos adaptándonos a esta realidad para la que también debemos
ser entrenados.
En
mi anterior post me refería al papel que juega la comunicación en
cualquier organización y como contribuye a la consecución de sus
objetivos. Conocer el complejo entramado del qué depende y las
variables que influyen sobre ella es necesario para que las
organizaciones sean más eficientes y eficaces. Por ello todos los
actores tenemos que estar preparados en mayor o menor medida para
comprender lo que se nos pide y poder trasladar esa petición de
manera que la respuesta sea rápida, ajustada y eficaz.
Pero
la formación también tiene que fluir a los que están fuera de la
organización: educar a los profesionales que trabajan informando a
la ciudadanía, a aquellos que comunican sobre salud y todas sus
vertientes. Me refiero tanto a periodistas como a todo ese amplio
mundo de personas y profesionales con perfiles en redes sociales,
blogueros, etc. que han pasado a ser fuentes de información, de
creación de opinión e incluso de movilización, algunas de ellas
con bastante éxito.
Me consta que cada vez hay más
iniciativas como cursos, jornadas, encuentros, manuales, códigos que
parten de la propia administración o de organismos encargados de
regular la información, la publicidad, que se difunde a la población
pero me temo que muchas de ellas queden en papel mojado. Por ello,
sería interesante debatir sobre la necesidad de “normativizar”
en relación con situaciones de alertas y crisis en salud pública,
que son a mi entender las que más alarmas, miedos colectivos y desconfianza crean en la
ciudadanía. A lo mejor es el momento de dar un paso adelante y de
manera consensuada y mediante un trabajo en común con todos los
actores implicados llegar a acuerdos para que no se repitan una y
otra vez “serpientes” que quedan en nada, pero que por las prisas
informativas o la viralidad de las redes sociales acaban minando la
confianza de la población en las autoridades sanitarias competentes.
No se pueden poner puertas al campo, sería de idiotas pretenderlo,
pero si es nuestro deber garantizar que la ciudadanía no corre
riesgos innecesarios, a eso nos dedicamos en salud pública, y correr
riesgos innecesarios es el miedo al contagio en una epidemia
“inventada”, es creer que nos están envenenando con determinada
sustancia, que estamos expuestas a la picadura de un insecto mortífero, etc. Ejemplos a nivel mundial, nacional, autonómico y
local hemos tenido (gripe A, vacas locas, la "araña parda de Sevilla" o los olores de Coria del
Rio).
Todos hemos atesorado suficiente experiencia como para ponernos de acuerdo e incluir en la normativa pautas que prevengan y eviten esas informaciones, comunicaciones, post, tuit, etc. alarmistas, infundados, no contrastados, con verdades a medias, porque el miedo también es un importante factor de riesgo para la salud de las personas.
Todos hemos atesorado suficiente experiencia como para ponernos de acuerdo e incluir en la normativa pautas que prevengan y eviten esas informaciones, comunicaciones, post, tuit, etc. alarmistas, infundados, no contrastados, con verdades a medias, porque el miedo también es un importante factor de riesgo para la salud de las personas.
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