Comunicar eficazmente en la era de la “postverdad”
Entender la comunicación, conocer las variables que influyen sobre
ella y como debe adaptarse a los nuevos escenarios que plantean las
nuevas tecnologías, está ganando cada vez más importancia. Se
trata sin duda de una herramienta eficaz para que las personas
mejoremos nuestras relaciones y por ende para conformar
organizaciones sólidas y de utilidad a los fines que persiguen.
Son
muchos los casos en los que nos llevamos sorpresas y terminamos
discutiendo sobre lo que se ha entendido de lo que queremos decir, o
viceversa. Esto ocurre en la relación con nuestros superiores, con
nuestros colaboradores o con nuestros familiares o amigos. Seguro que
la gran mayoría de personas que lean estas palabras no tienen que
hacer grandes esfuerzos para recordar situaciones en las que parecía
sencillo lo que queríamos transmitir y por distintas razones o no se
entendió, o incluso se entendió todo lo contrario. A ello hay que
añadirle un aspecto que es doctrina pacífica en esta disciplina, la
verdad del mensaje está en lo que entiende el receptor. Que se
entienda justo lo que queremos transmitir e influir en la idea o en
la forma de actuar es comunicar eficazmente
Si
tenemos problemas de comunicación entre dos personas, en muchos
casos con mensajes que a priori parecen simples, es obvio pensar que
a medida que se introduzcan nuevas variables se complica aún más el
tema. Esto es lo que ocurre en las organizaciones, donde se dan cita
multitud de aspectos que hacen que la comunicación y la transmisión
eficaz de los mensajes, sea exponencialmente más compleja.
Sin
ánimo de ser exhaustivo, son elementos necesarios para que se
sustancie el acto de comunicar: el emisor, el receptor, el mensaje,
el canal, el código y el contexto-
todo ello macerado en el caso de las organizaciones- por el número
de personas que tienen la función de trasmitir (muchas de ellas con
la doble condición de ser receptoras igualmente), el número de
mensajes que deben ser transmitidos, las personas que deben
recibirlos, y los distintos canales y códigos utilizados para ello.
| tomada de https://upload.wikimedia.org |
Hay que sumar igualmente el contexto en el que se encuentran estas organizaciones,
y como éste puede ser modulado por corrientes tanto internas como
externas a través de canales donde fluye la información de manera
vertiginosa. Resulta muy interesante en este sentido, un artículo
publicado por el País en noviembre del año pasado que aborda cómo
se abre un nuevo paradigma en esta disciplina: “la postverdad”,
muy de actualidad sobre todo en el ámbito político”.
De su lectura se desprende un ejemplo claro de cómo está
evolucionando esta materia y como está necesitada de una adaptación
continua a las nuevas corrientes y escenarios que han surgido y
surgirán fruto de las nuevas tecnologías da la información y
comunicación.
Quiero
terminar llamado a la reflexión sobre el papel que juega la
Comunicación en cualquier tipo de organización y de qué manera
contribuye en la consecución de sus objetivos. Conocer el complejo
entramado del que depende y las variables que influyen sobre ella, es
bajo mi punto de vista, sin duda alguna, piedra angular para que las
organizaciones sean más eficientes y eficaces.
Pepe estoy de acuerdo contigo de la gran importancia que es entender bien la comunicación (..sin duda de una herramienta eficaz..) y lo que se quiere trasmitir.
ResponderEliminarYa que como bien dices, si la comunicación no se hace de forma correcta y clara, puede dar lugar a que se entienda lo contrario de lo que se quería decir con las situaciones comprometidas que esto puede llevar a cabo, de ahí la gran importancia de “comunicar eficazmente” y estoy muy de acuerdo que si ya puede ser complicado entre dos personas, más lo es aun si cabe, cuando se lleva al campo de las organizaciones y por ende a la nuestra donde a veces la comunicación eficaz ”brilla por su ausencia”.
En cuanto a la evolución de la comunicación, si se piensa fríamente va a una carrera vertiginosa y da un poco de miedo, a mí en particular siento algo de pánico porque con las nuevas tecnologías de la información, todo lo que se publica por lo general se le da credibilidad y no se contrasta, pongo por ejemplo los mensaje de WhatsApp, los recibes y sin pensar si son ciertos o no, los vuelves a reenviar y en pocas horas ha dado la vuelta al mundo y quizás son falsos, creando falsas expectativas o temores infundados.
Me gusta tu reflexión ultima, pero me gustaría añadir, que siempre y cuando se haga de forma correcta y veraz.
Estoy de acuerdo con vosotros en todo lo que habéis comentado, pero en el caso de nuestra organización, el SAS, le daría aún más peso al contexto, es decir, el entorno en el que se produce la comunicación. En los últimos tiempos y a raíz de la crisis, los profesionales de nuestra organización se sienten maltratados, hecho incluso reconocido por personas que ocupan puestos relevantes de la empresa, lo que puede influir en cómo se interpreta la información que se reciben. Entiendo que en un entorno óptimo de trabajo, los receptores de la información realizaran una interpretación más ajustada a la realidad que en el caso contrario, donde la rumorología y el desánimo pueden alterar dicha interpretación. Y ya por último, destacar la importancia que pueden tener los cargos intermedios, como ya se ha comentado en otro post, al transmitir la información en ambos sentidos, ya que si éstos están también desanimados y con una visión negativa de la situación, pueden afectar todavía más a la interpretación que los receptores hagan de los mensajes.
ResponderEliminarMuy interesante el nuevo término "postverdad" y el artículo publicado en el El País, al que haces referencia. Desde luego, tras leer tu entrada y el artículo periodístico mi reflexión no puede ser otra: el término postverdad no existe, sino que la mentira por muy extravagante y estrafalaria que parezca, siempre es mas atractiva de cara a la opinión pública que la verdad. Afirmaba el sociólogo J. Vidal-Beneyto que “la comunicación mediática no reproduce ni representa la realidad, sino que la fabrica y acaba imponiéndola, porque resulta más creíble que la convencional, ya que es más productora de efectos; la sociedad responde no reconociendo lo que no le interesa, prioriza los cauces informales (sobre todo el rumor, que sólo adquiere plena eficacia cuando es legitimado y magnificado por los medios), es más sensible a lo que le afecta negativamente, es favorable a instituciones que inspiren inicialmente confianza y suele estar muy influenciada por líderes de opinión”.
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